DISPOSICIÓN FINAL BATERÍAS

Las baterías para los vehículos eléctricos son un punto clave en el esfuerzo medioambiental de las compañías automotrices porque, en primer lugar, son el corazón del motor eléctrico y, segundo, porque cuando termina su vida útil hay que hacer algo con ellas.

El almacenaje es solo una opción que retrasa lo inevitable: el reciclado de estas baterías para aprovechar los materiales reutilizables y desechar limpiamente los que no pueden ser nuevamente integrados en la cadena de producción.

Este proceso es complejo pero necesario porque muchos componentes son altamente contaminantes si no se tratan de la debida forma. El reciclado tiene, además, un interés mayor: cuanto más se recicle, menos costos hay que asumir para la minería de los metales que las forman, entre ellos el níquel. Además, cuando se trata de metales férricos, es bastante sencillo de separar mediante imanes electromagnéticos. El reciclaje de las baterías

Este es un tema complejo y requiere de un buen número de pasos que empiezan con la recogida de las unidades usadas. Una vez recogidas las partes, se dirigen a un centro de reciclado, donde son tratadas en varias fases hasta la obtención de materiales básicos para la fabricación de nuevas baterías.

En un proceso de refinado se aísla el hidróxido de níquel, que es un componente básico de las baterías, a través de varios procesos: separación de impurezas, obtención de sulfato de níquel y, finalmente, la obtención de hidróxido de níquel.

Mediante esta serie de procesos es posible obtener un material básico para la fabricación de baterías como es el hidróxido de níquel, reaprovechando gran parte del material utilizado en las baterías que llegaron al final de su ciclo de vida. Con esto se minimiza el impacto medioambiental, se ahorra en costos de extracción del metal, se optimiza el consumo de energía y se tratan de forma adecuada todos los residuos tóxicos.